Adán y la continua Creación

 

Adán, por Durero (1507)

Durante siglos el mito de la caída de Adán se ha intepretado en Occidente de manera historicista, como si hubiese ocurrido tal cual se presenta en el Génesis. Al mostrarse le imposibilidad de datar éste y muchos otros relatos bíblicos la espiritualidad en este lado del mundo se derrumbó, sencillamente porque el criterio con que se juzga un texto en la modernidad no se corresponde en absoluto con la manera en que los textos religiosos se expresan, sin mencionar que los propios jerarcas religiosos, al verse amenazados por el mundo moderno decidieron analizar sus libros como si fuesen textos científicos. Al hacer esto simplemente el texto bíblico dejó de hablarles y permanece mudo hasta el día de hoy, por mucho que se diga lo contrario.

Con esto tampoco queremos negar la existencia histórica de Adán. Pero es que no es el punto de la narración. Tampoco si Adán sea el primer ser humano de la Tierra ¿Ya existía la especie humana como tal al momento de la creación de Adán? Según nos dicen los científicos hoy en día sí: ya existían otras especies de homínidos antes de la nuestra. Sin embargo la evidencia parece apuntar a la existencia de un “Adán genético”, de origen africano, que sería el primer portador del cromosoma Y, y a partir del cual descienden todos los homo sapiens actuales. De la misma manera existe una “Eva mitocondrial”, ya que éste organelo celular sólo se transmite por vía materna. En 2013 se estimó la antigüedad de este Adán en casi trescientos mil años aproximadamente.

No voy a entrar en el amargo debate entre evolucionistas y creacionistas. Es un sinsentido: de partida ambos grupos poseen el mismo punto de vista. Consideran el relato sagrado únicamente en su forma literal. Lo único que los separa es la valoración de esta literalidad: los evolucionistas creen que el relato del Génesis es una mera superstición, los creacionistas la consideran verídica en todos sus detalles. En el fondo no es más que un aspecto más del estéril debate entre ciencia y religión, o mejor dicho entre ateos y fundamentalistas religiosos. Insisto en ese punto: ambos son hijos de la modernidad, ambos asumen el mismo tipo de exégesis, sólo que su valoración de ésta es diferente. Tan es así que los ateos sólo consideran verdaderos representantes de la religión a los fundamentalistas y éstos ven a los ateos como producto último de la ciencia, excluyendo enfoques más abarcativos e incluso más tradicionales de los que ellos dicen defender.




Lo que hay que hacer es dejar que el texto hable por sí solo, sin intentar encamisarlo con una u otra ideología. Lo cual de buenas a primeras es imposible en el mundo de hoy. Los seres humanos tienen la necesidad de ordenar el caos de la naturaleza que se encuentra ahí fuera para poder entenderlo mejor, aunque el orden resultante sea artificial. Lo que sí creemos firmemente es que el ordenamiento científico que domina hoy es sumamente empobrecedor si es que no se complementa con algún tipo de idea trascendente, un punto de fuga en el cual converjan todas los descubrimientos y avances. De lo contrario vamos a continuar viviendo en la incertidumbre porque la ciencia por sí sola no genera ética, como lo demostró el siglo que pasó de forma bastante patente.

Consideramos que retomar una interpretación del texto bíblico a estas alturas es un tanto complejo. Se halla muy saturado de ideas que ya no hablan al hombre moderno: el pecado original, la misoginia hacia Eva, y la justificación de una historia sagrada que a muchos se les hace antojadiza y a estas alturas infumable. Pero existe otra versión de la historia, que si bien no está menos saturada de ideas, a nosotros nos habla de otra manera porque nos es desconocida. Me refiero al relato coránico sobre Adán.

Para enfrentarse al Corán hay que ponerse guantes de box, básicamente porque hay tanta idea preconcebida en torno a éste que derechamente se reciben muchos golpes, incluidos los debajo del cinturón. La primera tentación siempre es leerla como si fuera un suplemento de la Biblia. Ese método es quizá el menos apropiado, las posibilidades de K.O en el primer round son bastante elevadas, sin mencionar que los musulmanes nunca leen su libro pensando en la Biblia, sino como una realidad en sí misma. Hay que entregarse a su lectura con la cabeza lo más limpia posible de ideas preconcebidas, ojalá con la inocencia de un recién nacido. No lo digo de forma irónica, sino como realidad, ya que una de las ideas fuerza del Islam es que el ser humano nace en un estado de pureza original (fitra), y que son las faltas cometidas durante nuestra vida las que empañan nuestra visión. Concepto opuesto al de nuestra religiosidad (aunque seas ateo, o de otra religión, si eres occidental sigues siendo cristiano aunque no quieras), que establece que nacemos con un pecado original, una mancha por defecto que justamente se transmite a través de la sangre porque es Adán el que la cometió ¿Cómo puede ser entonces que en el Corán se establezca lo contrario apelando al mismo mito?


Fragmento del Códice de Birmingham, uno de los manuscritos coránicos más antiguos conocidos.


Lo que buscamos probar es que acá lo importante, más allá de si la historia se basa en un hecho real o no, es su lectura en clave simbólica, es decir pensar en la narración más allá de lo que se expresa de manera literal e ir a su significado profundo. Sólo de esa manera llegaremos al meollo del asunto.

Asimismo es importante dar cuenta de las diferencias existentes entre ambos relatos. Algunas pueden parecer pequeñas pero en este tipo de cosas cada detalle es de gran importancia.

Nos referiremos entonces principalmente al relato coránico, sin dejar de lado el relato bíblico, al cual nos referiremos cuando haga necesidad.

El relato de Adán aparece disperso a lo largo de todo el Corán, pero donde se halla más detallado es en la segunda sura, “Al Baqarah” (“La Vaca”) Después de un largo discurso introductorio sobre la hipocresía y sus efectos se abre paso a la historia en cuestión:

Y cuando su Señor dijo a los ángeles: “Voy a poner en la Tierra a un representante Mío”, dijeron: “¿Vas a poner en ella a quien extienda la corrupción y derrame sangre mientras nosotros Te glorificamos con la alabanza que Te es debida y declaramos tu absoluta pureza?” Dijo: “Yo sé lo que vosotros no sabéis”

Y enseñó a Adán todos los nombres, y mostró ésto a los ángeles diciéndoles: “Decidme sus nombres si sóis veraces!”

Dijeron: “Gloria a Tí! No tenemos más conocimiento que el que Tú nos has enseñado. Tú eres en verdad Conocedor, Sabio”

Dijo: “Adán! Diles sus nombres!” Y cuando lo hubo hecho, dijo: “¿No os dije que conocía lo desconocido de los Cielos y de la Tierra, así como lo que mostráis y lo que ocultáis?”

Y cuando dijimos a los ángeles: “Postráos ante Adán!”, se postraron todos, menos Iblis, que se negó, se llenó de soberbia y fue de los rebeldes

Dijimos: “Adán! Habita con tu pareja el Jardín y comed sin restricciones de lo que haya en él, pero no os acerquéis a éste árbol porque entonces seríais de los injustos”

Pero el Shaytán le hizo caer a causa de él, sacándolos de donde estaban. Dijimos: “Descended! Unos seréis enemigos de otros. Tendréis temporalmente en la Tierra un lugar de asentamiento y bienes de los que disfrutar”

Luego Adán recibió palabras inspiradas por su Señor, que se volvió a él. Es verdad que Él es el que se vuelve en favor de Sus siervos, Compasivo.

Dijimos: “Descended todos de aquí y si os llega de mí una guía los que la siguen no tendrán nada que temer ni se entristecerán,

pero los que se nieguen a creer y tachen de mentira Nuestros signos... esos serán los compañeros del Fuego donde vivirán para siempre.”

(Qur'an, Sura 2, 29 – 38)


Adán y Eva en el bestiario "Manafi al Hayawan" (Irán, siglo XIV)


A primera vista da la impresión de ser una suerte de relato condensado del relato bíblico: se eluden los pormenores, el color local. Para esto pueden haber dos explicaciones: una exotérica, que entiende que la historia de Adán ya era conocida por una cantidad de gente considerable y no era necesario hacer la crónica al pie de la letra. Recordemos que la Sura Al Baqarah es una porción del Corán del período tardío, revelada en Medina, donde existía una comunidad judía importante y un grupo no menor de cristianos. Sin embargo esta solución se revela insatisfactoria (sin descartarla por completo por cierto) principalmente por detalles que no existen en el relato bíblico. Los propios judíos de Medina tenían en cuenta esto como argumento a la hora de echar en cara a Muhammad su desconocimiento de la Escritura en tanto expuesta en la Torá y las diferencias (a veces de forma, a veces de fondo) existentes en muchos de los relatos proféticos que ellos conocían. Esto se puede zanjar en base a la segunda explicación: que el relato de Adán está configurado en base a su forma arquetípica, a cómo ocurrió (y sigue ocurriendo) en el llamado mundo imaginal, que es el punto en que se conectan el mundo sensible y el dominio divino puro. En ese plano de la existencia el tiempo histórico, sucesivo, no existe: de hecho el tiempo histórico como lo vivimos hoy no es más que una mera ilusión, en la cual se manifiestan los hechos del mundo imaginal. A este plano de la existencia tienen acceso profetas, imames y santos no sólo del Islam, sino que de todas las tradiciones religiosas, que se encargan de develarlo en diferentes grados a la gente común. De esta manera le hacemos el quite a la trampa historicista de la que ya nos advertía el Imam Al Baquir en el siglo VIII:

Si la revelación del Corán no tuviera sentido más que para el hombre o el grupo de hombres a los que unos u otros versículos fueron revelados, todo el Libro Santo estaría ya muerto desde hace mucho tiempo ¡Pero No! El Libro Santo nunca muere. El sentido de sus versículos se cumplirá en los hombres del futuro como se cumplió en los del pasado. Y así será hasta el Último Día”1

Creemos que en este hadiz se encuentra la clave que estamos buscando para poder llegar al fondo de este asunto.

***

Hay dos cosas que separan al ser humano del resto de la creación, y también de la Divinidad: una es el tiempo, la otra el lenguaje. El tiempo, o mejor dicho el paso del tiempo, es una percepción humana de la cual derivan muchas de las ideas que han conformado nuestra cultura: la noción de principio, de final, de nacimiento, de muerte, en fin, la noción que poseemos sobre la vida misma se encuentra enraizada en el tiempo, o mejor dicho en nuestra percepción de éste como un intangible que discurre alrededor nuestro y en nuestro interior también: la percepción de la vejez también se halla sujeta a este hecho. Un animal puede que también posea una percepción del tiempo determinada, pero a diferencia nuestra el animal vive en un perpetuo presente, lo cual se puede demostrar en la manera que tienen de vivir: sin preguntarse por el origen o por el final de las cosas o de sus propias existencias, independiente de que se traten de especies con un buen grado de inteligencia o que sean incluso capaces de manejar herramientas, como los primates superiores. El tiempo como lo entiende el ser humano está sujeto a la noción de cambio, de mudanza constante a la que estamos sometidos, y que es bastante probable que no sea más que una mera ilusión. A través de esta percepción el ser humano puede acumular experiencias, transmitirlas a la generación siguiente, sentando las bases de la cultura y de la noción de historia, que son en definitiva los rasgos que nos separan del resto de la naturaleza. El lenguaje por otra parte es el otro elemento que nos separa de la naturaleza. Es a través de este elemento que somos capaces de transmitir el conocimiento heredado en el pasado a nuestros pares y más allá, porque somos capaces de transmitir el conocimiento a los que vengan después de nosotros. Vemos pues que nuestra noción de lenguaje se halla íntimamente relacionada con la del tiempo y que también se diferencia de lo que podríamos llamar “lenguaje animal” en el sentido que posee una cualidad acumulativa que los animales no poseen en virtud de su situación en una temporalidad estática, de perpetuo presente.

En relación al relato coránico de la creación de Adán ambos conceptos (tiempo y lenguaje) son fundamentales. Si la explicación es satisfactoria en realidad se podría aplicar a todos los relatos sobre el origen de la humanidad en las demás culturas, y de paso salir de la trampa historicista que tanto daño han hecho a la percepción de los relatos sagrados.

***

El inicio del relato citado más arriba de hecho lo podríamos situar en un lugar anterior al tiempo. También lo estaría el famoso relato de la creación del Génesis, aunque éste se encuentre parcelado en días, los cuales en realidad no son más que una manera de describir un acto divino de manera que sea comprensible para la mente humana, cuya percepción puede ser amplísima, pero siempre es limitada al fin y al cabo ¿Qué tiempo puede existir para Dios, que está más allá de éste, y para los ángeles, que son creación suya pero que son inmortales e inmutables, en los cuales el tiempo no hace mella alguna? Si Allah es el Señor del Tiempo como se le suele llamar en algunas narraciones quiere decir que su acción en este relato no está situada en un momento temporal determinado, porque eso sería limitar su poder. En realidad ningún acto divino está situado en un momento determinado, ya que eso sería caer en la trampa del deísmo, que dice que Dios crea el mundo y después se desentiende de éste, o que interviene sólo en momentos determinados. En realidad ese es un error que surge al buscar un asidero en nuestra propia percepción, sujeta a la acción en tiempos determinados. Creemos que la cosmología coránica está muy lejos de esa idea, y que basta con que Allah quite su mirada sobre el mundo para que éste se acabe de una vez. Como dice el Imam al Baquir en la narración citada más arriba lo escrito se cumple en el pasado, en el presente, y también en el futuro. Esto mismo hay que tener en cuenta al momento de reparar en la objeción de los ángeles: éstos poseen una cierta visión del futuro, y se la hacen ver a Dios, pero éste les responde en función de su visión superior, más allá del tiempo mismo: “Yo sé lo que vosotros no sabéis”

En el siguiente párrafo tenemos un momento capital: Allah crea al ser humano y le entrega un tipo de conocimiento especial: le entrega el lenguaje. Para ser más precisos le entrega el conocimiento de todos los nombres. A partir de este momento la raza humana se relacionará con la realidad de un modo particular, que será a través del lenguaje. Que se especifique en el texto que se trata en el fondo del conocimiento de los nombres no es algo casual tampoco. Dice el refrán popular y el cliché filosófico de hoy que las cosas existen en la medida que se les nombra, o que el lenguaje crea realidades. Si bien no compartimos la última aseveración a rajatabla sí compartimos el núcleo de ésta, que es que nuestra percepción de la realidad material que nos rodea es de por sí fragmentaria y que el ser humano necesita de una herramienta para poder ordenar dichos fragmentos y poder obtener de esa manera una percepción más o menos coherente de su entorno, y esta herramienta es el lenguaje, que nos permite poder apropiarnos de las cosas de nos rodean, e incluso manipularlas, a través del proceso de entregarles un nombre, ya que de esta manera se integran a nuestra realidad artificial y somos capaces de servirnos de ellas. No es casual que justamente la primera palabra revelada en el Corán sea precisamente iqra: lee (o recita). Un acto como ese es particular del ser humano, sólo éste lo realiza gracias al lenguaje y sólo éste es capaz de aprovecharse de él. Incluso los ángeles no lo poseen. Más adelante Allah le pregunta a éstos si son capaces de lo que Adán es capaz y éstos responden que no. De todas maneras hay que tener en cuenta que este conocimiento no es un conocimiento absoluto de la realidad: por muy amplia que sea nuestra percepción nunca llega a ser completa, por la sencilla razón de que somos seres limitados en un tiempo y en un espacio que sólo lo Divino es capaz de abarcar. Esa pretensión de conociminto absoluto es la raíz de la llamada “caída de Adán”, que aparece pormenorizada en el Génesis: es por ello que el árbol que se encuentra prohibido es el del Conocimiento. 


Los ángeles se postran ante Adán, excepto Iblis, con turbante (miniatura persa, s.XVII)


Después viene un hecho que ha desconcertado a muchos hasta el día de hoy: Allah le ordena a los ángeles que se postren ante Allah. Ante este hecho sólo Iblis, que no es un ángel sino un djinn, un “genio” (seres que se mueven en el mismo plano que los seres humanos, y que también poseen raciocinio y libre determinación) y que en virtud de darse estos hechos en un lugar anterior al tiempo y de poseer un rango espiritual especial es capaz de presenciar lo que ocurre y por lo mismo la orden divina también le atañe a él ¿Cómo se explica este hecho, si repetidas veces en el Corán se dice que la adoración es exclusiva de Allah y el suyud, la prosternación es por excelencia el acto de adoración en el Islam?

Los djinn, al igual que los seres humanos, son seres que poseen lo que se suele llamar libre albedrío: la capacidad de elegir según estimen conveniente ante una situación determinada. Libre albedrío que es relativo por cierto, ya que al final nada ocurre si no es con el permiso divino. El humano también posee esa capacidad, pero en este punto del relato se halla inconsciente aún de ello. La desobediencia de Iblis le mostrará esa posibilidad, y en virtud de esa posibilidad es que luego él tomará las decisiones en este relato que todos conocemos. En última instancia la desobediencia de Iblis es la consecuencia lógica de la orden divina: si sólo Allah es digno de prosternación entonces no es una orden que se pueda cumplir. Así Adán se da cuenta de esa capacidad de elección que posee y de sus posibilidades. Acá hay que puntualizar que la caracterización de Iblis no es en absoluto comparable con la del Satanás cristiano, que ha devenido una suerte de contradeidad poderosísima que es prácticamente indomable y por lo mismo más atractiva por cierto, lo cual explica esa fascinación morbosa con el mal que es tan propia de Occidente hasta el día de hoy. También vamos a dejar de lado la interpetación yazidí del mito, poco conocida pero interesante de oír. Iblis (o el Shaytán) no posee más poder que el de susurrar a los humanos para que hagan lo que él desea, nada más. Es decisión humana si le hace caso, y es un poder que no subsiste sino por voluntad divina, aunque suene extraño y hasta chocante.

Ahora que Adán conoce el libre albedrío y las ventajas que le entrega sobre el resto es momento de que conozca los inconvenientes. En virtud de esa capacidad termina desobedeciendo (Adán, no su esposa, por lo cual el relato misógino del origen también queda cancelado) y termina siendo expulsado del Paraíso ¿Cuál es el Paraíso? No se trata de un lugar físico, sino que de un estado de conciencia determinado: el de la unidad absoluta, que sólo se recobra a plenitud tras la muerte. En última instancia el precio que se paga por ser humano (poseer lenguaje, cultura, historia, capacidad de elección) es la separación de lo divino. Como ya dijimos antes, los animales y las plantas no necesitan de cultura alguna para relacionarse con su entorno ni con Dios, porque viven en línea directa con éstas. Pero los humanos no poseen este rasgo, y al parecer los djinns tampoco ¿Cuál puede ser la razón de que esto sea así?


El Paraíso por Brueghel el Joven (Holanda, s.XVII)


Hay dos formas entender el mundo que nos rodea. Una es entender el mundo como un ente estático, que posee reglas inmutables que hacen que cualquier evento se pueda predecir y explicar con la mayor certeza y exactitud posibles. Los teólogos históricamente han sido de esta línea, y en gran parte lo es también ese teólogo moderno que es el científico. Éstos siempre se la van a jugar por lograr obtener una explicación lo más totalizante (y en último término totalitaria) de la realidad, no con el fin de admirarse de ésta y servir a su Señor de la mejor manera, sino que para pretender administrarlo. No es casualidad que todo el proyecto moderno no sea más que una teología donde el ser humano ocupa el lugar de lo divino. A la larga es una visión que se torna inhabitable por la cantidad de paradojas aparentemente inexplicables a las que se tiene que enfrentar y que siempre la van mellando poco a poco2.

La otra manera es ver el mundo como un ente dinámico, sujeto al cambio. En esta cosmovisión se nos muestra que el mundo que nos rodea no es más que una ilusión (o maya como dicen los hindúes) La naturaleza de las ilusiones es que son fugaces, cambiantes, inaprensibles en último término. Detrás de esa ilusión se encuentra la verdadera realidad, que es eterna, y a la cual nosotros no podemos acceder de manera directa, sino que a través de las grietas que asoman entre medio de las diferentes ilusiones mundanales. Éste ha sido usualmente el enfoque que poseen los místicos de todas las tradiciones religiosas y varias escuelas filosóficas, muchas de éstas tiradas al tacho de la basura por la institucionalidad ¿Qué sabe el estudiante de filosofía o el buscador moderno sobre Heráclito por ejemplo, más allá de lo anecdótico? Consideramos que esta perspectiva es de mucho más utilidad para liberar al ser humano de las diversas ataduras que posee. Por lo mismo no es una perspectiva que se suela enseñar de manera tan extensiva hoy por hoy.

Ahora bien ¿A cuál de estos dos puntos de vista se atiene el Corán? Esa es una pregunta grande que es casi imposible de contestar en unos cuantos párrafos, pero vamos a aventurar una respuesta provisional a modo de conclusión, aunque sabemos de sobra que este tema está muy lejos de ser concluido en esta líneas. Habría que decir que el Libro posee ambas perspectivas anudadas entre sí, en una suerte de Tao codificado en lenguaje semítico3. Las prescripciones rituales y el enfoque estrictamente unitario que emana de él se pueden tomar como un puente hacia una concepción estática del mundo. Creemos sin embargo que son más como una especie de ancla que se le entrega al ser humano en medio de un océano de cambio constante. Como prueba de que la creación divina no se muestra como algo fijo y predeterminado sino como un flujo de energía en constante evolución nos remitimos al propio Corán cuando dice:

Di: ¿Hay alguien entre ésos que asociáis que haya originado la creación y la repita de nuevo?

Di: Allah origina la creación y después la repite ¿Cómo podéis apartaros?”

(Qurán, Sura 10, 34)


La Creación por Tissot (Francia, 1904)


El mundo no es sino un ciclo constante de creación y destrucción constante en los cuales nada queda fijo. La percepción de un mundo estático es desmentida incluso por nuestra propia percepción del tiempo, como decíamos más arriba.

El Corán también establece en la historia de Adán que el humano es un representante de Allah en la Tierra. En ese sentido podemos decir que poseemos libertad de acción, pero que está condicionada por la responsabilidad inherente a la libertad. En qué consiste esa responsabilidad? Pues en ser un agente del poder divino en el mundo. Si Allah pone en claro que la creación va y viene de manera constante, entonces el rol del ser humano en este mundo es participar plenamente de ese ciclo. Su libertad de acción en el tiempo y la conciencia del lenguaje son las dos herramientas que se le entregan para poder mantener ese ciclo andando para bien (de manera armónica con el universo) Cuando se produce una desarmonía (cuando seguimos el susurro del Shaytán) nos alejamos de esa armonía primordial y terminamos desligándonos de nuestra responsabilidad. Al hacerlo no se hace más que cavar nuestra propia tumba, como muestra la constante caída de numerosas civilizaciones a lo largo de la historia. En último término el ser humano se debe entregar a esa responsabilidad para poder vivir feliz en este plano de la existencia y lograr darse continuidad a sí mismo. Es esa la noción primordial de la entrega (islam). Pero no es un camino fácil. El propio Adán (arquetipo del ser humano primordial) fracasa en primera instancia, pero Allah lo perdona y le entrega sabiduría justamente a través de ese error, convirtiéndolo en profeta y en padre de la humanidad. En última instancia la historia de Adán es el arquetipo por el cual todo ser humano se ve obligado a pasar en su vida para lograr trascender de manera total y emprender el camino de vuelta al Jardín, es decir, a limpiarse de las escorias del tiempo y la cultura y volver a ser uno con la creación.

1Tomado de “El Imam Oculto”, de Henry Corbin (“La Protetología Chiíta Duodecimana”)

2No deja de ser decidor que la historia de Adán tal cual aparece en el Corán haya devenido un verdadero dolor de cabeza para muchos teólogos musulmanes, justamente por las paradojas que encierra.

3Recomendamos para profundizar la relación a primera vista improbable entre ambas tradiciones el libro “El Tao del Islam”, de Sachiko Murata

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