Democracia y Tiranía, por Platón


Hay que aclarar de partida que a Platón no le agradaba mucho la democracia, mal que mal fueron los demócratas de Atenas los que condenaron a muerte a su maestro y su propia teoría política es uno de los ejemplos más tempranos de propuesta política totalitaria que nos ha llegado hasta hoy. Pero no por eso vamos a dejar de escuchar sus ideas, varias de las cuales tienen un extraño eco en el día de hoy. Bueno, no por nada se dice que la filosofía occidental no consiste más que en notas al pie de página de Platón.

El fragmento que sigue es un extracto de la octava parte de "La República". En este capítulo se desarrolla una teoría de las formas de gobierno, más precisamente de cómo cada una deriva de la otra en escala descendente: de la aristocracia deriva la timocracia, de ésta la oligarquía y de ésta la democracia. Así y todo Platón no sin cierta ironía (resabios de Sócrates quizá) le tira un par de flores a esta última: habla de la diversidad humana que se produce en ella como un "manto multicolor bordado de flores" y del gran valor que se le da a la libertad en una sociedad regida democráticamente. Pero no nos engañemos: a Platón lo que le gustan son los totalitarismos (a tener en cuenta al momento de leerlo), el gobierno ideal que él propone es como Corea del Norte pero gobernada por Confucio en vez de los Kim. Aún así se reserva el último escalón de esta serie degradante a la tiranía, porque entiende que un gobierno autocrático en sí mismo no posee valor alguno si el autócrata en cuestión no posee virtudes básicas y propias de un filósofo para gobernar. La tiranía, que deviene como tal después de que la democracia se corrompe del todo, es así la peor forma de gobierno que el ser humano puede formar. No se puede dejar de mencionar la tan acertada observación que hace de que cada forma de gobierno es un reflejo del estado del alma humana, que al final es una versión estilizada de ese refrán que dice que la gente siempre tiene el gobierno que se merece, sea por cefas o por nefas. 

El extracto es interesante además porque pone en cuestión un evento que se está produciendo ahora mismo: la descomposición de la democracia en todo el Oeste y el surgimiento de políticos oportunistas y populacheros por doquier que buscan carroñear todo lo posible hasta que no quede nada. Los Trumps, los Putines y otros por el estilo no son más que precursores de una vuelta del tirano popular más rancio en menos de un siglo. Es como una advertencia de hace 2500 años para buscar frazadas y leña para el invierno largo que se viene ahora luego. Si no me creen pasen y lean: 


"- Lo que resta describir ahora es el más bello régimen político y el más bello hombre: la tiranía y el tirano.

-Ni más ni menos.

- Vamos a ver ahora. querido amigo. con qué caracter surge la tiranía; pues es bastante claro que surge por un tránsito a partir de la democracia.

-Suficientemente claro.

- ¿Y no surge del mismo modo la tiranía de la democracia que la democracia de la oligarquía?

- ¿De cuál modo?

- El bien que se proponía la oligarquía. y por el cual ésta fue instituida, ¿No era acaso la riqueza en exceso?

- Y el deseo insaciable de riqueza, y el descuido de todo lo demás por lucrar, es lo que la ha perdido.

- Verdad. 

-¿Y no es a su vez el deseo insaciable de aquello que la democracia define como su bien lo que hace sucumbir a ésta?

- ¿Y qué es lo que dices que define como su bien?

- La libertad; pues en un Estado democrático oirás, seguramente, que es tenida por lo más bello, y que, para quien sea libre por naturaleza, es el único Estado digno de vivir en él.

-En efecto, es una frase que se dice mucho.

- Por lo tanto, como iba a decir ahora, el deseo insaciable de la libertad y el descuido por las otras cosas es lo que altera este régimen político y lo predispone para necesitar de la tiranía.

-¿De qué modo?

- Cuando un Estado democrático sediento de libertad llega a tener como jefes malos escanciadores, y se embriaga más de la cuenta con ese vino puro, entonces, pienso, castiga a los gobernantes que no son muy flexibles ni proporcionan libertad en abundancia, y los acusa de criminales y oligárquicos.

 - Así procede, en efecto.

 - Y a los que son sumisos con los gobernantes los injuria, como a esclavos voluntarios y gente sin valor; a los gobernantes que son similares a gobernados, y a los gobernados que son similares a gobernantes es a quienes se alaba y rinde honores en público y en privado. ¿No es forzoso que en semejante Estado la libertad avance en todas direcciones?

- No podría ser de otro modo.


La relación del individuo con el Estado por John LaFarge, en el Capitolio del Estado de Minnesota, 1905. El cuadro representa a Sócrates discutiendo con sus amigos, como en el relato de la República de Platón.


- Si esto es así, amigo mío, la anarquía se desliza incluso dentro de las casas particulares, y concluye introduciéndose hasta en los animales.

- ¿Qué es lo que quieres decir con esto?

- Por ejemplo, que el padre se acostumbra a que el niño sea su semejante, y a temer a los hijos, y el hijo a ser semejante al padre ya no respetar ni temer a sus progenitores, a fin de ser efectivamente libre; el meteco es igualado al ciudadano, el ciudadano al meteco, y del mismo modo el extranjero.

- Así sucede, en efecto.

- Sucede eso y otras menudencias como las siguientes: en semejante Estado el maestro teme y adula a los alumnos y los alumnos hacen caso omiso de los maestros, así como de su preceptores; y en general los jóvenes hacen lo mismo que los adultos y rivalizan con ellos en palabras y acciones; y los mayores, para complacerlos, rebosan de jocosidad y afán de hacer bromas, imitando a los jóvenes, para no parecer antipáticos y mandones.

- En todo de acuerdo.

- Y el momento culminante de esta libertad de las mayorías se produce en tal Estado cuando los hombres y mujeres que han sido comprados no son menos libres que quienes los han adquirido. Y por poco nos olvidamos de decir cuánta libertad e igualdad ante la ley existe allí en la relación de hombres con mujeres y de mujeres con hombres.

- ¿Acaso, con Esquilo, no "diremos lo que ahora nos viene a la boca"?

-Por cierto, es lo que yo digo. Y que los animales sujetos al hombre son allí más libres que en cualquier otra parte, no lo creería alguien que no hubiera tenido la experiencia: pues, tal como dice el proverbio. real mente «las perras llegan a ser como sus amas»; y así también los caballos y los asnos se acostumbran a andar con toda libertad y solemnidad. atropellando a quien les salga al paso, si no se hace a un lado; y del mismo d modo todo lo demás se halla pletórico de libertad.

- Lo que describes es mi propio sueño; pues con frecuencia me sucede eso cuando marcho al campo.

- ¿Y no te percatas que, como resultado de la acumulación de todas estas cosas, el alma de los ciudadanos se torna tan delicada que, si alguien le proporciona siquiera una pizca de esclavitud, se irrita y no lo soporta? Pues bien sabes que de algún modo terminan por no prestar atención ni siquiera a las leyes orales o escritas, para que de ningún modo tengan amo alguno.

- Por cierto que lo sé bien.

- Pues éste es, según me parece, el bello y vigoroso principio de donde nace la tiranía.

- Vigoroso, ciertamente, pero ¿qué le sigue después?

- La misma enfermedad que, al declararse en la oligarquía, entraña la perdición de ésta, en mayor grado y con mayor fuerza, debido a la libertad, esclavizada a la democracia. Y en verdad el exceso en el obrar suele revertir en un cambio en sentido opuesto, tanto en las estaciones como en las plantas y en los cuerpos y, no en último término, en las organizaciones políticas.

- Probablemente.

Ilustración de Manuel Brieva (2014)

- Por lo tanto, la libertad en exceso parece que no deriva en otra cosa que en la esclavitud en exceso para el individuo y para el Estado.

- Eso también es razonable.

- Es razonable, entonces, que la tiranía no se establezca a partir de otro régimen político que la democracia, y que sea a partir de la libertad extrema que surja la mayor y más salvaje esclavitud.

-Es lógico.

- Pero no es eso lo que preguntas, creo, sino cuál es esa enfermedad que, siendo la misma en la oligarquía que en la democracia, esclaviza a ésta.

- Dices la verdad.

- Pues me refería a aquella raza de hombres haraganes y despilfarradores, los más viriles de los cuales conducen y los menos viriles los siguen, y que comparábamos con zánganos, de los que cuentan con aguijón en el primer caso y de los que no lo tienen, en el segundo.

- Y lo hacíamos correctamente.

- Y en cualquier régimen en que nazcan producen una perturbación análoga a la de la flema y la bilis en el cuerpo; contra esto último el buen médico y legislador del Estado deben precaverse con mucho tiempo, no menos que el apicultor hábil, tratando al máximo que no aparezcan, pero, si llegan a aparecer, eliminándolos junto con los panales mismos.

- Sí, por Zeus, absolutamente de acuerdo.

- Hagamos ahora lo siguiente, para ver con mayor claridad lo que queremos.

-¿De qué modo?

- Dividamos en teoría el Estado democrático en tres partes, tal como ellas se dan. Una es tal vez aquel género que surge en él por causa de la licencia, no menos que en el Estado oligárquico.

- Así es

-Pero con mucha mayor ferocidad aquí que allí. 

- ¿Cómo es eso? 

- Allí. en razón de no recibir honores y estar alejado de los cargos, no se ejercitaba y no llegaba a ser vigoroso; en la democracia, en cambio, marcha a la cabeza del Estado, con pocas excepciones. y es su sector más feroz el que habla y actúa, mientras el resto zumba sentado cerca de la tribuna, y no tolera que se diga otra cosa, de modo que, en un régimen de tal índole, todo es administrado por este tipo de gente, salvo contados casos.

- Así es.



- Y hay otro grupo similar que en todo momento se separa de la muchedumbre.

-¿Cuál?

- Al tener todos afán de lucro, los más ordenados por naturaleza llegan a ser con mucho los más ricos.

- Es probable.

- Pienso que de allí sacan los zánganos la mayor cantidad de miel y del modo más fácil.

 -¿Cómo habrían de sacarla de los que tienen poco o nada?

- Y los ricos de esta especie son los llamados 'pasto de los zánganos', creo.

- Por cierto que sí.

- El tercer género será el del pueblo, o sea, cuantos trabajan para sí mismos y no ocupan cargos públicos, poseyendo pocos bienes; es el género más numeroso y con mayor autoridad que hay en la democracia cuando se congrega.

-En efecto -dijo Adimanto- , pero con frecuencia no está dispuesto a hacerlo, a menos que participe en algo de la miel.

- Y participa siempre en la medida que les es posible a los que están a su cabeza, cuando a los que tienen fortuna se la quitan y la distribuyen al pueblo, conservando ellos la mayor parte.

- Así es como participa, efectivamente. 

-Entonces aquellos a quienes se quita la fortuna se ven forzados a defenderse, pienso, hablando al pueblo y haciendo cuanto pueden.

- ¿Cómo no habrán de hacerlo?

- Y, aunque no deseen introducir novedad alguna, reciben de los otros la acusación de que conspiran contra el pueblo y son oligárquicos.

- Sin duda.

- Y después de ver al pueblo tratando de hacerles mal, no voluntariamente sino por ignorancia y por haber sido engañado por los difamadores, entonces, quiéranlo o no, terminan por convertirse en oligárquicos de veras, no voluntariamente, sino que aquel zángano produce este mal picándolos.

- Exactamente.

- Y entonces se producen denuncias, juicios y acciones legales de unos contra otros.

- Así es.

- Ahora bien, ¿no acostumbra siempre el pueblo a poner a su cabeza preferentemente a un individuo, y a alimentarlo y hacerle crecer en grandeza?



- Acostumbra a eso, en efecto.

-Por lo tanto, es evidente que, dondequiera aparece un tirano, es de la raíz del liderazgo de donde brota, y no de otra parte.

- Muy evidente.

- ¿Y cuál es el comienzo de este tránsito de un líder hacia un tirano? ¿No es patente que cuando el líder comienza a hacer lo que se narra en el mito respecto del templo de Zeus Liceo en Arcadia?

-¿Y qué es lo que se narra?

- Que cuando alguien gusta de entrañas humanas descuartizadas entre otras de otras víctimas, necesaria mente se ha de convertir en lobo. ¿O no has escuchado el relato?

- Sí, por cierto.

- Así también cuando el que está a la cabeza del pueblo recibe una masa obediente y no se abstiene de sangre tribal. sino que, con injustas acusaciones- tal como suele pasar- lleva a la gente a los tribunales y la asesina, poniendo fin a vidas humanas y gustando con lengua y boca sacrílegas sangre familiar, y así mata y destierra, y sugiere abolición de deudas y partición de tierras, ¿no es después de esto forzosamente fatal que semejante individuo perezca a manos de sus adversarios o que se haga tirano y de hombre se convierta en lobo?

- Es de toda necesidad.

-Así llega a ser el que hace estallar la revuelta contra los que tienen fortuna.

- Así, efectivamente. 

- Y cuando tras haber sido desterrado regresa a pesar de sus enemigos, ¿su retorno no será el de un tirano consumado?

- Es evidente.

- Y si no pueden hacerlo desterrar ni matarlo tras desprestigiarlo en el Estado, conspiran para asesinarlo violentamente a escondidas.

-Es lo que suele suceder.

- De ahí que todos los que han llegado a este punto recurren a aquella demanda del tirano de la que tanto se ha hablado, por la que se pide al pueblo una custodia personal para preservarles al defensor del pueblo.

- ¡Claro que pasa eso!

- Y se la dan, pienso, por temer él y estar confiado en lo que respecta a sí mismo.

- Así es.

- Y cuando ve esto el varón que posee riquezas y que, conforme a sus riquezas, recibe la acusación del 'enemigo del pueblo', entonces, amigo mío, de acuerdo con el oráculo que se le hizo a Creso, huye junto "al Herma rico en guijarros, no se queda ni tiene vergüenza de ser cobarde".


Hitler cumpliendo condena en 1924, tras el intento de golpe del año anterior

- Si fuera de otro modo, no podría avergonzarse una segunda vez.

- Pienso que al que es capturado le dan muerte.

- Es forzoso.

- En cuanto a aquel caudillo, es evidente que no yace «majestuosamente con su gran cuerpo», sino que, tras destronar a muchos otros, se establece en el carro del Estado, perfeccionando la transformación de líder en tirano.

- ¿Cómo no ha de ser así?

- Describamos ahora la felicidad de ese hombre y la del Estado en que se ha generado un mortal semejante.

- De acuerdo, describámoslo.

- ¿No pasa que durante los primeros días y el primer momento sonríe y saluda a todo aquel que encuentra, dice no ser tirano, promete muchas cosas en privado y público, libera de deudas y reparte tierras entre el pueblo y los de su séquito, y trata de pasar por tener modales amables y suaves con todos?

- Necesariamente.

- Pero cuando se reconcilia con algunos de sus enemigos de fuera. mientras que a otros los extermina, y que por ese lado tiene tranquilidad, pienso que promueve ante todo algunas guerras, para que el pueblo tenga necesidad de un conductor.

- Es probable. 

- Y también para que el pago de los impuestos de guerra haga pobres a los ciudadanos y los obligue a dedicarse a los cuidados de cada día, de modo que conspiren menos contra él. 

- Es evidente.

- Y se me ocurre que, si sospecha que algunos tienen pensamientos liberales de modo tal que no confían en su mando, con cualquier pretexto los hará perecer poniéndolos en manos del enemigo; en vista a todas estas cosas, el tirano estará siempre forzado a suscitar la guerra.

- Estará forzado.

- ¿Haciendo tales cosas, no queda expuesto a ser odiado por los ciudadanos?

- ¡Claro que sí!

- Entonces algunos de los que han colaborado para establecerlo y que tienen poder hablan francamente con él o entre sí, censurando lo que sucede, al menos los que se da el caso de que son los más viriles.

- Es probable.

- Por consiguiente, el tirano debe eliminar a todos éstos, si es que va a gobernar, hasta que no quede nadie de valor entre sus amigos y enemigos. 


Imagen de la masacre de Vínnitsa, en el contexto de la Gran Purga de Stalin (1937)

-Evidente.

- Ha de mirar entonces con agudeza quién es valiente, quién de grandeza de espíritu, quién sabio, quién rico; y el grado de su felicidad es tal que, quiéralo o no, le será necesario combatir y conspirar contra todos, hasta purificar el Estado.

- ¡Bella purificación!

- Sí, la opuesta a la que practican los médicos con los cuerpos, ya que éstos suprimen lo peor y conservan lo mejor, mientras aquél a la inversa.

-Pues parece que necesitan hacerlo, si han de gobernar.

- ¡Es en tal caso una bienaventurada necesidad la que lo obliga, que le prescribe vivir en compañía de muchos hombres de baja estofa, y ser odiado por ellos, o no vivir!

- De tal índole es su necesidad.

- ¿No sucederá entonces que, cuanto más sea odiado por los ciudadanos al hacer estas cosas, necesitará de una custodia tanto mayor más digna de confianza?

- ¡Claro que sí!

- ¿Y quiénes serán esos hombres confiables? ¿Y adónde los mandará buscar?

- Por si solos vendrán muchos volando, si se les da su paga.

- ¡Por el perro! -exclamé- Parece que te estás refiriendo nuevamente a cierto tipo de zánganos. pero éstos extranjeros y procedentes de todas partes.

- Y lo que te parece es verdad- respondió AdImanto.

- ¿Y a los del país no los querría?

- ¿Y cómo?

-Despojando de los esclavos a los ciudadanos, liberándolos e integrándolos a su custodia.

- Con seguridad, puesto que ellos serían los más felices.

- ¡Hablas de algo dichoso para el tirano, si recurre a tales amigos y hombres de confianza tras hacer perecer a los anteriores!

- Pues en efecto, a ellos recurre.

- Y estos amigos son los que lo admiran y conviven con él como nuevos ciudadanos, mientras los que son honestos lo odian y le huyen.

-¿Cómo no habían de hacerlo?


Manuel Contreras, siempre detrás de Pinochet

- No en vano la tragedia en general parece ser algo sabio, destacándose Eurípides en ella.

- ¿Por qué?

-Porque por contar con una mente perspicaz pronunció aquello de que «los tiranos son sabios por la compañía de los sabios». Pues es manifiesto que los sabios que acampanan al tirano son de la índole que hemos descrito.

-Sí. elogia a la tiranía diciendo que hace «igual a los dioses, y muchas otras cosas, no sólo él. sino también los demás poetas.

- Por lo mismo que los poetas trágicos son sabios, han de perdonamos a nosotros y a cuantos gobiernen en consonancia con nosotros, porque no los admitamos en nuestro Estado, por cantar elogios a la tiranía.

- Pienso que al menos los más sutiles de ellos nos perdonarán.

- De todos modos, creo que van de gira por los otros Estados, congregando a las masas y contratando actores de voces bellas, potentes y persuasivas, que empujan a las organizaciones politicas hacia la tiranía y la democracia.

- Por cierto.

- Además de esto reciben buena paga y honores, sobre todo, como es natural, por parte de los tiranos y en segundo lugar. de la democracia; pero cuanto más arriba marchan hacia la cima de las constituciones, tanto más cede su honra. Como si no pudieran andar por la falta de aliento.

- Completamente de acuerdo.

- Pero esto era una digresión. Regresemos a aquel bello, numeroso, multicolor y cambiante ejército del tirano, para ver de qué se alimenta.

- Es evidente -respondió Adimanto- que, si hay en el Estado tesoros sacros, los gastará en la medida que duren, así como los bienes de aquellos a los que ha aniquilado, necesitando menos, consiguientemente, cargar con impuestos al pueblo. 

-Pero ¿y cuando falten estos recursos?- pregunté. 

- Es claro que se nutrirá del patrimonio paterno, y no sólo él sino también sus comensales, amigos y queridas.

-Comprendo: el pueblo que ha engendrado al tira no lo alimenta a él y a su séquito.

-Le será muy necesario.

-¿Y qué dirás en caso de que el pueblo se irrite y diga que no es justo que un hijo en la flor de la edad sea alimentado por su padre sino al contrario, el padre por su hijo, y que su padre no lo engendró y estableció para que, una vez que llegara a grande, debiera éste, como esclavo de sus propios esclavos, alimentarlo a él y a sus esclavos, con todo el resto de su comparsa; sino para que el pueblo fuera liberado, con él a su cabeza, de los ricos y de los denominados 'hombres de bien'? ¿Qué dirás si entonces le ordena marcharse del Estado con su séquito, tal como el padre echa de la casa al hijo con sus comensales inoportunos?

-Entonces ¡por Zeus! el pueblo se dará cuenta de qué criatura ha engendrado. acariciado y hecho crecer, y a la que trata de expulsar cuando él es más débil y, ella más fuerte.

- ¿Qué quieres decir? ¿Se atreverá el tirano a hacer violencia a su padre, y si no lo persuade, a golpearlo?

- Si, tras haberle quitado las armas.

-Quieres decir, pues. que el tirano es parricida y un temible cuidador de la vejez; y, según parece, esto es lo que actualmente se admite que es la tiranía; y el pueblo, al huir del humo -como se dice- de la sumisión a hombres libres, va a parar al fuego del despotismo de los esclavos; y en lugar de aquella libertad abundante e intempestiva se viste con la esclavitud más dura y más amarga, la de los esclavos.

-Ciertamente, es lo que ocurre.

- Bien, entonces ¿no hablaremos armoniosamente si decimos que hemos descrito de modo suficiente el transito de la democracia a la tiranía. y cómo es ésta, una vez generada?

- Más que suficientemente"




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