El Fin del Individuo


 

No deja de ser paradójico que en una época como la nuestra, en que el individualismo está tan exaltado, existan tan pocos individuos reales. Sólo existen simulacros de individuos.

La individualidad es la seña del ser humano. El hecho de poseer una consciencia y poder ver el mundo desde su propia perspectiva, diferente del resto de miembros de su especie, es algo propio de nosotros. Un gato nace y se comportará en lo esencial igual que todos los demás gatos. Poseerá consciencia, pero una consciencia individual genérica que no lo distinguirá de otros gatos, aun siendo éste un animal solitario. Una gaviota sale del cascarón y volará, sacará pescados del mar y andará en bandadas con otras gaviotas, iguales a ella por dentro y por fuera. Poseerán consciencia, pero una colectiva colectiva, en la cual no se sabe dónde empieza una gaviota y dónde termina otra: todas se encuentran conectadas a una misma matriz, y es en el marco de esa matriz que ellas se mueven. El ser humano por su parte posee una configuración diferente. Posee una consciencia netamente individual, diferente a la del gato por ejemplo, porque no se somete a una configuración biológica determinada. Posee una condición original, una fitra, en la cual el humano puede acceder a cualquier modo de ser. De ahí su tendencia a imitar al gato, a la gaviota... mediante la performance, mediante la recreación sonora y visual, mediante el arte a fin de cuentas. El arte y su forma de generar mundos paralelos a los de la naturaleza es la marca propia de la individualidad humana. Los primates ya sabían manejar herramientas, los elefantes y los cefalópodos ya poseen un nivel de inteligencia similar al nuestro. Pero viven encerrados en su propio microcosmos, cosa que el ser humano no hace, porque su microcosmos es un reflejo del macrocosmos que lo rodea y de forja a través de una dialéctica con éste. Así y todo eso encierra un peligro.

"Atardecer en la Calle Karl Johan", de Edvard Munch (1892)


Nietzsche decía que la consciencia al ser el último logro de nuestra especie al mismo tiempo es al mismo tiempo el más frágil, que se puede desmoronar al menor temblor. Eso es lo que pasa hoy en día. Y ocurre mediante un engaño perverso.

El neoliberalismo ha usado y abusado del mandato de ser uno mismo de la mejor forma en que sabe hacerlo, mediante trucos publicitarios. "Sé tú mismo" es el motto principal que utilizan todas las estrategias de marketing del mundo. Y sin embargo ese "sé tú mismo" es promovido para generar ganancias mediante la venta de productos cuya meta es ser consumidos por la mayor cantidad de gente posible, para una mayor homogeneidad posible de ésta. Y así nos vemos inundados de modas, músicas, maneras de ser al final, en que se vende que mediante esa moda puedes ser un individuo de pleno derecho y al final lo único que se ve es un ramillete de flores, a veces bello, la más de las veces feísimo, en el cual estas flores son todas exactamente iguales. La tragedia es que cada una de estas flores se encuentra absolutamente convencida de que es única, única y diferente al resto de las demás.

La causa subyacente es el neoliberalismo y su modo de producción. El reemplazo de la artesanía por la producción en serie ha generado este paradigma en el cual la singularidad es ante todo virtual, no real. El mundo de la artesanía funciona mediante parámetros, mediante determinados arquetipos podría decir el pretencioso, pero el artesano, aunque anónimo, es capaz de desarrollar variantes a partir de dichos arquetipos, y desarrollando dichas variantes es capaz de desarrollar esas mismas variantes dentro de sí. Es el arte actuando como forja misma del espíritu. Se podría replicar que mucha de la autoría de la labor artística de las culturas tradicionales es anónima, y si bien es así, hay que tener en cuenta una cosa: un yo fuerte la más de las veces no necesita ser nombrado. Le basta con existir y ya irradia energía hacia afuera. Y eso es porque hay una ocupación que le permite desarrollarse y expandirse como tal. La producción en serie por otro lado, es eso, producción en serie: repetición maquinal e infinita de un determinado patrón gracias a la tecnología actual, impersonal, que reemplaza la labor del artesano, que también trabaja en función de un patrón, pero de un patrón que evoluciona a merced de la singularidad indisoluble a la actividad humana, singular. Mediante la producción en serie y las estrategias de marketing que fagocitan cualquier discurso, incluso el más subversivo, es como se pueden generar masas completas de personas que, como se encuentran inmersas en el dunya, pueden asegurar ser alguien único en su especie, aunque se vistan, hablen, actúen y piensen como todos los demás. Esa paradoja es sumamente conveniente para que los actuales medios de producción sigan funcionando ad infinitum, ya que de esa manera pueden obtener mano de obra/consumidores a bajo costo y de manera más fácil.






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